Las epidemias en Madrid y su huella en la ciudad - Conocer Madrid
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Las epidemias en Madrid y su huella en la ciudad

Andrés Sánchez López

 

 

 

Como ciudad histórica, en Madrid se han dado importantes periodos de epidemias a los que la urbe ha tenido que responder con soluciones materiales y medidas sociales, religiosas y políticas. Vamos a hacer un breve recorrido por las más importantes y que dejaron una mayor huella en la ciudad.

Debemos imaginar que la villa de Madrid debió sufrir diferentes epidemias durante la Baja Edad Media, en especial la Peste Negra que asoló Castilla durante los años centrales del siglo XIV. Sin embargo, las primeras noticias que tenemos de una epidemia en Madrid nos las da el cronista León Pinelo. Así, en sus Anales de Madrid (1621), nos cuenta que en el año 1438 se produjo en la villa una “cruel y rigurosa peste” a inicios de la primavera. Para solucionar esta situación cada parroquia eligió un santo y se le procesionó alrededor de cada templo. 

Estas fueron las soluciones religiosas, sin embargo, se tomaron medidas mucho más prácticas al crear dos hospitales para ayudar a los enfermos. Debemos pensar que más que hospitales serían lazaretos donde aislar a los enfermos y poderlos tratar. Ambos fueron levantados fuera de la ciudad. El primero de ellos se ubicó en el norte de la villa, no lejos de la antigua ermita de santa Bárbara, donde existió una casa de campo que perteneció al Infante Tello, bastardo de Alfonso XI. Estaría en lo que hoy es la plaza de santa Bárbara. El lugar era salubre, bien ventilado y alejado de la villa. Este hospitalillo seguirá activo hasta 1600 con el nombre de Hospital de Pestosos y en el se tratará a enfermos contagiosos. Sobre su solar se levantará parte del Convento mercedario de santa Bárbara.

 

 

El Hospital del Buen Suceso. Texeira. 1656.

 

El otro hospital que se fundó con motivo de la peste tendrá una pervivencia más longeva. De nuevo León Pinelo nos cuenta cómo, más allá de la Puerta de Guadalajara, donde existía un pequeño humilladero, se fundó, con motivo de la peste, un hospital para los enfermos. Con el paso del tiempo se refundó este hospital como Hospital de Corte por Carlos V, en 1529. Este mismo hospital pasará a denominarse del Buen Suceso y se encontrará en el mismo lugar hasta mediados del siglo XIX en que se derribe para urbanizar la Puerta del Sol. Más o menos ocupará el espacio donde hoy está la tienda de Apple.

No acaba aquí la historia relacionada con la peste de 1438. Según la tradición, con motivo de la peste que asolaba Madrid, el rey Juan II habría trasladado a los embajadores que residían en la villa al sur de esta, cerca del río. A partir de ese momento será una zona muy frecuentada por los diplomáticos que residan en la villa y se conocerá el camino que tomaron como calle embajadores. En el siglo XVIIII se abrirá el Portillo de Embajadores y ya en el XIX la Glorieta de Embajadores. 

Respecto a la peste de 1438 sólo nos queda señalar una incorrección histórica que se ha repetido en numerosos sitios. Se suele relacionar esta epidemia con la presencia de Juan II en Madrid por la convocatoria de las Cortes en Madrid. Sin embargo esto es del todo falso pues en ese año se convocaron en Madrigal. Sí es cierto que en 1435 se habían convocado en Toledo, Alcalá y Madrid pero como bien vemos quedaban lejanas en el tiempo.

La siguiente noticia que tenemos de una nueva epidemia será en 1580. Tal y como nos dice Pinelo, ese año será “el que por antonomasia llaman el del Catarro porque esta enfermedad aflixio mucho a Castilla”. Debemos pensar que debía tratarse de alguna variante de la gripe (este término no aparecerá hasta 1743) que se denominó del Catarro. Al parecer se inició en la parte más septentrional de Rusia tres años antes y asoló Europa. En España afectó especialmente a Barcelona y Valencia pero también llegó hasta Madrid. Los enfermos mostraban fuerte calentura, estornudos, tos, quebrantamiento de huesos y sed insaciable y demostraba una fácil transmisión.

La epidemia llegó hasta el propio monarca por lo que finalmente en la Corte “hicieronse infinitas rogativas y oraciones por su salud; y acudiendo al remedio mas eficaz, determinaron que se sacasse de su Cassa la Ymagen de Nuestra Señora de Atocha para que como la Patrona de esta Villa la aliviase de sus tan grandes trabajos como la fatigaban. Executose con tanta devoción, fe y confianza que se conoció que con la Reyna del Cielo en su Ymagen milagrosa, ivan entrando en Madrid la salud, el gozo y la alegría…(Pinelo, Anales)”.

Parece que la intervención de la Virgen de Atocha fue decisiva, también para salvar al monarca. Junto a este recurso también se tomaron otras medidas materiales para paliar la situación: se dio orden a las ovejas merinas para que cruzasen la población pues se pensaba que su paso purificaba el ambiente y se encendieron grandes braseros, con espliego, cantueso y mejorana. 

Además de estas dispares medidas, la Villa de Madrid también llevó a cabo unas importantes decisiones prácticas: se aislaron los casos graves y los sintomáticos y para poder tratar a los enfermos se destinó un espacio apropiado. El lugar elegido fue el ya existente Hospital de Peregrinos. Este hospital había sido fundado por doña Ana Rodrigo en 1455 en un callejón que unía la plaza del Celenque y la Calle Preciados, lo que hoy sería la calle Tetuán. El hospital había caído en desuso y el ayuntamiento se incautará de este espacioso y bien ventilado edificio. El llamado, desde ese momento, Hospital del Catarro, será utilizado durante la pandemia para después usarse como enfermería y tratamiento de enfermedades contagiosas. A principios del siglo XVII se convertirá en Casa de Arrepentidas hasta que estas se trasladaron en 1623 a la calle Hortaleza (en lo que se conocerá vulgarmente como Las Arrecogidas). La historia de este hospital no acabará aquí pues en 1643 pasará a los Obregones (orden de los Hermanos de los Pobres fundada por Bernardino de Obregón y que durante la Edad Moderna gestionó muchos de los hospitales madrileños) que lo regirán hasta el siglo XIX momento en que se convertirá en el Teatro Capellanes. 

 

 

Hospital de Peregrinos. El edificio es el mayor que se encuentra sobre el número 20. Plano de Mancelli 1624.

 

Durante el siglo XVII y XVIII se sucedieron diversos episodios de pequeñas epidemias si bien dentro de la normalidad de la época, entendidas como pequeñas crisis demográficas. Así, en 1637 y 1638 aparecieron en la Corte unas fiebres llamadas primero sincopales y después malignas y que podemos considerar serían fiebres tifoideas, además de numerosos casos de sarampión y viruela. Una nueva ola se produjo en 1644. En el siglo XVIII lo más destacado serán los catarros epidémicos de 1750 y 1767.

El siglo XIX será mucho más complejo y devastador en cuanto a epidemias se refiere. En este caso la enfermedad que asolará la ciudad será el cólera cuyo origen estará en la India. En gran medida su aparición y desarrollo se deberá al rápido crecimiento de la ciudad y a la falta de adecuación de las infraestructuras y salubridad necesarias para responder al aumento de la población. Las clases más pobres serán las más afectadas por sus condiciones de vida, hacinados en viviendas pequeñas, comiendo sin medidas higiénicas, etc,…

Si bien existirán brotes durante todo el siglo debemos destacar tres momentos por su virulencia y repercusión en la ciudad: 1834-35, 1854-56 y 1884-85.

La epidemia de 1834-35 fue una de las más crueles pues fallecieron en Madrid cerca de 4.500 personas de una población en torno a 220.000 habitantes. La situación derivó en una terrible inestabilidad social que terminó en importantes altercados en los que la iglesia fue la más perjudicada. Tras el abandono de la ciudad de la Regente María Cristina, los agitadores señalaron a los religiosos de la ciudad y les acusaron de haber envenenado las aguas y provocado la epidemia. A pesar de lo absurdo de la acusación, el 17 de julio se produjeron movimientos de  turbas exaltadas contra los monasterios de San Francisco, La Merced, Santo. Tomás y el Colegio Imperial de los Jesuitas. El resultado fue desolador, 73 religiosos fueron asesinados y 11 resultaron heridos en sólo unas horas.

 

 

 

En cuanto a la respuesta médica para paliar la situación se habilitó el Convento de la Victoria como hospital. Curiosamente se creó con un carácter de beneficencia lo que será el origen de las Casas de Socorroque es como se denominará a partir de los años 50. Parece ser que también se creó como hospital el convento de los Paules que se encontraba en la antigua calle Duque de Osuna, esquina al callejón del Príncipe Pío, lo que hoy sería la Plaza de Cristino Martos. 

De nuevo entre 1854-56 el cólera hizo su aparición en Madrid, las causas, las de siempre, el hacinamiento, las malas condiciones de vida y la escasa salubridad,…

El pico de la pandemia se produjo en 1855. Ante la situación de saturación del Hospital General (actual Museo Nacional Reina Sofía) las autoridades decidieron habilitar un espacio específico para tratar a los enfermos. La reina Isabel II ofreció el edificio de la Aduana (actual Ministerio de Hacienda) si bien el lugar que finalmente se eligió para Hospital de Coléricos fue el Convento de San Jerónimo el Real, tras las oportunas modificaciones. Además de este hospital se habilitaron otros tres más pequeños: en la calle de San Bernardo, en la Carrera de San Francisco y en la calle de la Redondilla. Asimismo, las parroquias madrileñas destinaron estancias para tratar a los enfermos, que serán denominadas Casas de Socorro. Además de estas soluciones materiales se llevará a cabo una labor de aislamiento y de higienización de Madrid. 

El resultado de esta consecución de epidemias fue el desarrollo y puesta en marcha de los planes de ensanche de Madrid (Plan Castro, 1860) en los que primará no solo la ampliación de la ciudad para evitar el hacinamiento si no el desarrollo de nuevas infraestructuras que evitasen los problemas de salubridad (v. gr. La creación del Canal de Isabel II o el alcantarillado de la ciudad).

 

 

Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena en 1934. El cementerio de epidemia correspondería a la parte irregular de la derecha.

 

La última gran epidemia de cólera que azotará Madrid y toda España será la de 1885 que llegará desde Francia a través de Alicante. Al igual que había sucedido en las dos anteriores, serán las zonas más populares de Madrid las que sufran las consecuencias, siempre debido a las mismas causas que ya vimos (aún estaba desarrollándose el Plan Castro). A pesar de la alta mortandad que dejo (cerca de 1300 personas en ese verano) no será tan virulenta como las anteriores. Debemos pensar que las reformas urbanísticas y sanitarias ya estaban surtiendo efecto en la capital. Las zonas más afectadas estuvieron centralizadas en El Rastro y Lavapiés. Es más, parece que los propios vecinos se negaban a aceptar la declaración de epidemia de cólera por su efecto en la economía, lo que provoco numerosas revueltas como el Botín de las Banderas Negras el 19 de junio de ese año. Consistirá en una huelga del comercio que cubrirá sus establecimientos con telas negras para protestar ante su posible muerte si se le obligaba a cerrar.

 

 

 

Estas epidemias produjeron la aparición de nuevos espacios El más destacado será el Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena. Desde 1876 estaba en marcha la creación de la Necrópolis del Este según un proyecto de Fernando Arbós y Tremantí y José Urioste Velada (proyecto de 1878). En 1884 aún se estaba iniciando su construcción. Ante la necesidad de enterrar a las victimas de la epidemia se decidió crear un cementerio “de epidemias” al que, desde el 15 de junio de ese año, se denominará de Nuestra Señora de la Almudena. El proyecto de la Necrópolis del Este no se terminará hasta 1925 y el cementerio de la Almudena pasará a formar parte de la Necrópolis para terminar dando su nombre a todo el conjunto. Este cementerio “de epidemias”, origen de todo el complejo, estaría hoy situado en el este del actual conjunto. 

 

Plano de Madrid de 1905. Se observa perfectamente lo que fue el Hospital del Cerro del Pimiento entre las calles Hilarión Eslava y Andrés Mellado.

Además del cementerio las autoridades decidieron, a raíz de las diferentes oleadas epidémicas, levantar un hospital estable destinado a acoger los enfermos de las diversas epidemias. Este Hospital de Epidemias se ubicó en el Cerro del Pimiento que se encontraba al final de las calles Blasco de Garay y Andrés Mellado, entre los antiguos cementerios de san Martín y el paso del Canalillo. Sin embargo, la construcción se detuvo y no se retomará hasta principios del XX como veremos.

 

Hospital del Cerro del Pimiento.

 

A principios del siglo XX la gran amenaza epidemiológica será el Tifus exantemático cuyo origen estaba de nuevo en los problemas de higiene que había provocado las epidemias del siglo XIX. Así, se producirán diversas oleadas entre 1900 y 1910. En 1900, para paliar los efectos de estas infecciones, se decidió retomar la construcción del Hospital de Epidemias del Cerro del Pimiento que había sido iniciado en 1885. Se construyó con gran celeridad siguiendo un sistema de pabellones de un solo piso de ladrillo y llegó a albergar hasta 3000 camas. El edificio, cera de una veintena de pabellones, era de muy mala calidad constructiva por lo que fue muy criticado, a eso se le sumaría su lejanía de la ciudad lo que provocó las protestas por la distancia a la que se encontraba. Su vida fue bastante efímera y en 1905 se abandonó el edificio y fue demolido.  

 

 

Hospital del Rey

 

En 1908 otra epidemia tifoidea dejó clara la necesidad de un hospital de infecciosos. Es en 1912, con D. Manuel Martín Salazar cuando se pone en marcha este hospital en la zona de Chamartín de la Rosa. Será diseñado siguiendo la estructura de pabellones separados. Tras un largo proceso constructivo que se verá impulsado por Miguel Primo de Rivera será inaugurado en 1925 como Hospital del Rey. Su primer director será el Doctor Marañón. Hoy es parte del Campus del Instituto de Salud Carlos III.

Finalmente, debemos hablar de la mal denominada Gripe Española, una variante de la gripe traída a Europa en 1917 por los soldados estadounidenses que llegaron a luchar en la Gran Guerra. Debe su nombre a que en España se habló libremente en la prensa sobre ella frente al resto de Europa que censuró su existencia. Sin duda, es la más conocida y su repercusión ha sido tema de muchas noticias y artículos por lo que no me detendré demasiado en ella.

Como vemos, Madrid no ha sido ajena a las diferentes oleadas pandémicas que han azotado Europa desde la Edad Media. Las respuestas han sido acordes a los conocimientos y medios de cada época. Queda también claro cómo cada una de ellas ha dejado una huella en la ciudad de uno u otro modo y que en todas ellas podemos encontrar un paralelo para actuales y futuras epidemias. Si fuésemos discípulos del napolitano Vico pensaríamos que la historia se repite, en nuestras manos está la posibilidad de reescribirla.

1Comment
  • Aline
    Posted at 12:24h, 01 febrero Responder

    Gracias Andres Buen compendio y que Dios nos libre rápidamente de la actual pandemia un saludo Aline

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