La Plaza de Santa Ana. - Conocer Madrid
17600
post-template-default,single,single-post,postid-17600,single-format-standard,cookies-not-set,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-title-hidden,qode-child-theme-ver-1.0.0,qode-theme-ver-10.1.2,wpb-js-composer js-comp-ver-4.11.2,vc_responsive

La Plaza de Santa Ana.

No hay madrileño, y casi me atrevo a decir, paseante en Madrid, que no conozca la bulliciosa y entretenida Plaza de Santa Ana. Sin duda, uno de los más apetecibles lugares de Madrid para sentarse a tomar una cerveza gracias a lo soleado y abierto del lugar, así como de la agradable estampa de su arquitectura.

Si embargo, más difícil se me hace que todos conozcan el porqué de su nombre, cuando a la madre de la virgen no se la encuentra por ningún lado. Sería más normal conocerla por la plaza del Español o por cualquier otro nombre.

Mi intención es hacer justicia y, a la vez que explicamos el origen de su nombre, describir este entrañable paraje, además de conocer mejor qué hubo y qué podemos encontrar en ella.

Todo este área comenzó a desarrollarse a mediados del siglo XVI. Anteriormente era una zona extramuros de la villa, parece ser que poblada por gitanos, los cuales, muy devotos de la madre de la Virgen, le tenían dedicada una hornacina en donde estaría hoy el inicio de la calle Prado, donde tenía su quinta la familia de los Herrera. Se cuenta que celebraban una romería su día y que la llevaban hasta la Parroquia de Santa María para después correr toros.

Texeira, 1656. Marcado con el XLIII el convento de Santa Ana. La manzana en la que se encuentra sería la actual plaza.

Es tras el traslado de la Corte a Madrid cuando empieza un desaforado desarrollo urbanístico. A éste va ligado la aparición de numerosos conventos. Este será el caso del espacio que hoy ocupa la plaza, donde, el 16 de agosto de 1568, el propio san Juan de la Cruz, funda el Convento de Carmelitas Descalzas de santa Ana. El edificio, bastante modesto, va a permanecer en pie hasta 1810 cuando el menor de los Bonaparte, nuestro José I, manda el derribo para abrir la plaza que hoy conocemos. La plaza tomó el nombre del convento hasta el reinado de Isabel II en que se pasó a llamar Príncipe Alfonso. Durante el Sexenio Revolucionario pasó a denominarse Almirante Topete para volver a su nombre original durante los primeros años del siglo XX.

El Convento de Santa Ana

Al urbanizarse esta nueva plaza se creo una fuente, si bien ya desde el siglo s. XVII existía una en la calle de la Gorguera, justo donde estaría el hotel ME Reina Victoria. La nueva fuente fue rematada con la escultura de Carlos V dominando el Furor, obra de Leoni que hoy podemos contemplar en la Rotonda del Museo del Prado.

Chalmandrier. Con el nº 7 el Convento de Santa Ana. nº 190 el Teatro del Príncipe. nº 132 La Fuente de Santa Ana.

En 1880 se coloca la estatua de Calderón de la Barca, obra de Juan Figueras Vila que realiza como pensionado en Roma (véase).

El último monumento en incorporarse a la plaza fue la escultura de Federico Garcia Lorca, justo enfrente del Teatro Español. Gracias a la iniciativa del entonces director del Teatro Español, Miguel Narros, el ayuntamiento de Madrid le encargó esta obra a Julio López que realizó en 1986. Sin embargo, no fue colocada hasta diez años después debido a las obras de remodelación de la plaza.

Antes de abrir la plaza, la manzana del convento estaba delimitada por cuatro calles, de las cuales aún existen tres. Estas serían la Calle del Príncipe, la Calle del Prado, la Calle de la Gorguera (hoy Nuñez de Arce) y la de la Lechuga.

La de la Lechuga es la única vía que se eliminó cuando se abrió la plaza. Estaría delimitada por las de la Gorguera y la del Príncipe. Es decir en el lado norte de la plaza. Esta era la acera de las pajarerías. Se llamaba así por encontrarse en origen la huerta de Alvar Nuñez de Cuenca famosa por estas hortalizas.

Mapa de la Plaza de Santa Ana. Marcado en negro el perímetro del palacio de los condes de Montijo y Teba.

La calle de la Gorguera (hoy Nuñez de Arce) se llamaba así, no por el cuello característico del s. XVI, sino por la corrupción del nombre original de calle de la Agorera. Se debe éste a que en ella vivió en el s XV María Mola, adivina que, tras ser expulsada de Burgos, vino a vivir a esta zona de la ciudad. Una vez asentada volvió a sus fueros de adivinación y magia, de ahí el nombre por el que se la conocía y que, tras una asunto con un franciscano al que hizo ver al diablo y en aplicación de las leyes dictadas en 1411 por Juan II contra los hechiceros, fue condenada a morir ahorcada. Sin embargo quedó su recuerdo y dio nombre a la calle. En esta calle se encontraba la Fuente de Santa Ana, enfrente del convento carmelita.

El Palacio de los condes de Montijo y Teba ya como Casino Militar

Una vez trazada la plaza, el tramo que afectaba a ésta dejó de ser la calle de la gorguera. En este espacio, dando la fachada a la Plaza del Ángel, donde se levantaban una casas del conde de Baños, se levanto en 1811, por planos de Silvestre Pérez, el palacio de los condes de Montijo y Teba. Sin duda, uno de los espacios más destacados del siglo XIX al ser lugar de encuentro de las más destacadas personalidades tanto españolas como europeas de la época. Tras transformarse a finales de siglo en Casino Militar, en 1919 se derribara para convertirse los Almacenes Simeón (obra de Jesús Carrasco-Muñóz y Encina), uno de los primeros almacenes de lujo de Madrid al que irá ligado el Hotel Reina Victoria, tan afamado por ser refugio de los toreros en Madrid, para ser hoy el Hotel ME MadridReina Victoria.

La Calle Prado, que estaría al sur de la Plaza, recibía el nombre por ser el camino que llevaba directamente al Prado de San Jerónimo. Lo más destacado de este lateral es la Cervecería Alemana. Este establecimiento fue fundado por comerciantes alemanes en 1904 en la que entonces era Plaza del Príncipe Alfonso, en el nº 7. Ambientada como una cervecería bávara, se hará famosa por su cerveza y su codillo. En 1929 será traspasada al asturiano Ramón González Peláez a cuya familia pertenecerá hasta la fecha. Lugar muy de modo en el que pararán Luis Miguel Dominguín, Ava Gadner y Ernest Hemingway, además de intelectuales, artistas, actores y escritores tanto del Teatro Español como del Ateneo.

Finalmente, nos quedaría hablar de la calle del Príncipe, en el lado oeste de la plaza. Sin duda, el espacio más destacado por encontrarse allí el lugar más importante de la plaza, el Teatro Español.

El nombre de la calle procede, sin duda alguna, del Felipe que reinará con el ordinal segundo. Nada que ver, como se encuentra en alguna parte, con Felipe IV o con el Príncipe Negro, Muley Xeque que será bautizado en 1593 como Príncipe Felipe de Africa.

Luis Paret y Alcazar. El Teatro del Príncipe.

En esta calle existía ya desde mediados el siglo XVI un corral de comedias regentado por Isabel de Pacheco de ahí que fuese conocido vulgarmente como el Corral de la Pacheca. En 1582 pasó a poder de las Cofradías de la pasión y de la Soledad quienes regían el Hospital General. El beneficio de este corral servirá para la manutención de esta institución. No es este el lugar para escribir su historia pero sí para señalar y recordar que en él se estrenarán algunas de las obras más importantes del siglo de Oro que ya es mucho.

El teatro Español.

En 1745 la Villa de Madrid transformará el corral en un teatro a la moda francesa y cambiará su nombre por el del Teatro del Príncipe. Tras un fuego en 1802 se reconstruirá según planos de Juan de Villanueva. En 1849, el conde de San Luis, tras otra restauración, lo renombrado con el actual nombre de Teatro Español. El edificio ha sido rehecho y transformado en diferentes ocasiones hasta adquirir el aspecto actual.

En fin, hasta aquí nuestra entrada de hoy. Espero la hayáis disfrutado.

1Comment
  • Aline
    Posted at 15:29h, 29 marzo Responder

    Gracias

Post A Comment