El café en Madrid II - Conocer Madrid
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El café en Madrid II

Continuamos nuestro recorrido por los cafés históricos de Madrid. Con el crecimiento de Madrid en los últimos años del siglo XIX y especialmente con la incorporaciones urbanísticas que en el primer tercio del siglo XX tales como la Gran Vía o el Paseo de la Castellana el fenómeno del café se extenderá a nuevos espacios de desarrollo.

De entre ellos destacará especialmente el espacio de la Gran Vía y el Paseo del Prado hacia Atocha.

Chicote

De los abiertos en la Gran Vía habría que destacar especialmente Chicote, que si bien no es un puro café si que será el espacio donde se desarrollen las más interesantes tertulias en la Gran Vía. Fundado en 1932 tendrá su momento de esplendor tras la guerra convirtiéndose en lugar habitual de Serrano Anguita y Miguel Miura. A pesar de ello, siempre destacará más por su carácter farandulero y desenfrenado de los años 50.

Casi en la Gran Vía, al final de Hortaleza estaba el Café Norte, especialmente querido por monárquicos y falangistas debido a la asiduidad de Calvo Sotelo y Primo de Rivera.

En esta zona destacaron otros cafés como el Café Inglés (lugar de parada de Indalecio Prieto), el Gato Negro donde muchos años tuvo Jacinto Benavente su tertulia. A escasos metros se abrió, a mediados del siglo XX, las Cuevas de Sésamo, lugar de tertulias literarias de las que saldrá incluso un premio literario.

Parroquianos en el Café san Millán

Si dirigiéramos nuestros pasos hacia la calle Atocha, deberíamos destacar el café Zaragoza, en la Palza de Antón Martín que, debida su proximidad al Hospital Clínico de san Carlos tendrá tertulia de medicina con Ramón y Cajal o el doctor Esquerdo.

Son muchos los cafés que se mantuvieron por la zona del centro o ya hacia La Latina, cabe citarse el Café de San Millán, lugar donde se reunía lo más granaó del Rastro.

En la Plaza de Santo Domingo El Varela, donde tendrán tertulia los hermanos Machado, Agustín de Foxá y Ricardo Baroja. En los años cincuenta Emilio Carrere creará la tertulia Versos de medianoche de la que eran asiduos Penagós o Evaristo Acevedo.

 

 

La tertulia del Pombo. En el centro Gómez de la Serna. Detrás el cuadro de Grez.-Solana.

 

Gutierrez-Solana. El Café de Pombo.

Pero de todos los cafés del primer tercio de siglo, aquel que ha pasado a la historia como el más destacado templo de la literatura, aquel que marcara una época, es el café de Pombo. Lo abrió a finales del siglo XVIII un santanderino llamado Pombo en el número 4 de la Calle Carretas. Fue famoso por su leche merengada y su sorbete de arroz, algo que hará las delicias de José Bonaparte, Prim o Sagasta. Pero el momento en el que entra en la historia es cuando en 1915 Ramón Gómez de la Serna lo elige como lugar de reunión de su tertulia literaria, su sagrada cripta. Allí comenzará a reunirse los sábados a las 11 de la noche. Este encuentro quedará inmortalizado por José Gutierrez Solana en su famoso cuadro del Reina Sofía que colgaba en la pared donde estaba la mesa en la que se reunían.

A la tertulia se unirán muchas veces el propio Ortega y Gasset, Cansinos-Assens, los Bergamín e incluso Jean Cocteau.

Todos estos encuentros estaban sometidos a una dura disciplina reglada que había diseñado el propio Gómez de la Serna y que denominará mandamientos. Entre todos ellos prevalecía el de amar al Pombo sobre todas las cosas. Asmismo se les prohibía venir o ir a otro café el día que se reunían y, especialmente, hablar de toros o leer el periódico……

La tertulia se deshará en 1936. En 1949, a modo de despedida, se realizaron algunas reuniones pero no tuvo éxito y finalmente desapareció al año siguiente para convertirse en una tienda de maletas (el propio Gómez de la Serna asegurará que fue víctima del crimen del baúl).

Si embargo, como ya dijimos, surgirán nuevos cafés en las zonas nuevas y periféricas de un Madrid que se iba convirtiendo en metrópoli al ritmo del crecimiento económico de la restauración.

Entre ellos destacan dos especialmente, no sólo por su importancia como templos de la tertulia literaria sino por que son los únicos que han logrado sobrevivir de una u otra manera. Se trata del Café Comercial y del Gijón.

El Café Comercial

El Comercial, ubicado en la Glorieta de Bilbao, fue fundado en 1898 y adquirido cinco años más tarde por la familia Contreras. Por él pasarán numerosos escritores de la generación del 98 y del 27. También los periodistas de El Sol que tenían su sede cerca. Cesar González Ruano, Tierno Galván, Ignacio Aldecoa, Penagós, Jardiel Poncela, Umbral, Celia Gámez o Concha Piquer han sido alguna vez parroquianos de este lugar con solera que cerró a principios de siglo XXI para reabrir más tarde como restaurante.

 

Café Gijón

Sin embargo, de todos los cafés hasta ahora citados, el único que conserva el sabor de antaño es el Café Gijón. Fue fundado en 1888 por Gumersindo Gómez, asturiano que había hecho fortuna en Cuba. Fue traspasado en 1916 a Benigno López con la única condición de que siempre fuese su nombre Gijón.

Alcanzará su fama en la posguerra, cuando se convierta en el centro de reunión de la Juventud Creadora, cuya punta de lanza será Camilo José Cela. Además, tiene el honor de haber disfrutado del ingenio y el conocimiento de personajes tan destacados de la segunda mitad del siglo XX como son: Jardiel Poncela, Gabriel Celaya, Gerardo Diego, Dionisio Ridruejo, Ignacio Aldecoa, Alfonso Paso, Buero Vallejo, Antonio Gala, Manuel Dicenta, Enrique Diosdado, Francisco Umbral, ……

 

En fin, esto es sólo un breve y somero repaso de los cafés que marcaron una época cultural, tal vez la más brillante de España. Ese espacio que a decir de Gómez de la Serna: «tiene el don de docilizar al indócil, de volver comprensivo al incomprendido, aún cundo el intolerante siga siendo tan intolerante». Lugar «donde, al calor de la amistad y la confianza, brotan, variadas y espontáneas, las flores del ingenio» como diría Ramón y Cajal.

Esto es todo, seguro que echaréis algún local en falta, no era el caso ser exhaustivo, sólo hacer un repaso, pero eso será ya un tema a discutir tomando un café…..

Como prenda, os dejo este bonito artículo de Matías Antolín (véase).

 

 

 

 

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